Buenas prácticas para optimizar el desempeño térmico desde el diseño
El desempeño térmico de una vivienda no depende únicamente del espesor de la aislación o de los materiales utilizados en su construcción. También está condicionado por decisiones arquitectónicas como la orientación, la distribución de los recintos, el tamaño de las ventanas y la continuidad de la envolvente térmica.
Por eso, optimizar el comportamiento térmico de un proyecto requiere una mirada integral desde las primeras etapas de diseño. Una buena estrategia permite mejorar el confort interior, reducir la demanda energética y evitar modificaciones constructivas durante la ejecución de la obra.
A continuación, revisamos cinco buenas prácticas para lograrlo.
1. Analizar el clima y la ubicación del proyecto
Cada territorio presenta condiciones climáticas particulares. La radiación solar, las temperaturas, la humedad, el viento y la oscilación térmica influyen directamente en el comportamiento de una vivienda.
Antes de definir la materialidad, es importante identificar la zona térmica correspondiente al proyecto y analizar las condiciones específicas de su emplazamiento.
2. Aprovechar estratégicamente la orientación solar
La orientación de los recintos y de las superficies vidriadas influye en las ganancias solares y en las necesidades de calefacción y refrigeración.
En términos generales, una adecuada disposición de los espacios puede favorecer el aprovechamiento de la radiación solar durante los meses fríos y limitar las ganancias excesivas durante el verano.
Buena práctica
- Estudiar el recorrido solar antes de definir la distribución.
- Priorizar la iluminación natural sin generar superficies vidriadas innecesarias.
- Evaluar protecciones solares según orientación.
- Considerar las condiciones de sobrecalentamiento en los meses cálidos.
3. Diseñar una envolvente térmica continua
La envolvente térmica comprende los elementos que separan los espacios interiores acondicionados del ambiente exterior o de espacios no acondicionados.
Su desempeño depende de la correcta aislación de techumbres, muros, pisos ventilados, puertas y ventanas, según corresponda.
Una aislación interrumpida, mal instalada o con espesores irregulares puede generar pérdidas de energía y favorecer la aparición de puentes térmicos.
4. Incorporar el control de humedad y condensación
Una vivienda térmicamente eficiente también debe controlar el comportamiento del vapor de agua y evitar condiciones que favorezcan la condensación.
Para ello, es necesario analizar la composición de los elementos constructivos, la ubicación de las capas de control de vapor y la relación entre los materiales.
Buena práctica
- Realizar análisis de condensación superficial e intersticial.
- Definir correctamente las membranas y barreras de vapor.
- Evitar discontinuidades en las capas de control.
- Considerar los puentes térmicos en los encuentros constructivos.
5. Integrar hermeticidad y ventilación
Reducir las infiltraciones de aire no controladas permite disminuir pérdidas energéticas y mejorar el confort. Sin embargo, una vivienda más hermética necesita una estrategia de ventilación adecuada para mantener la calidad del aire interior.
Diseñar con criterios térmicos mejora el resultado final
El buen desempeño térmico no se consigue incorporando aislación al final del proceso. Se construye mediante decisiones coordinadas que consideran el clima, la arquitectura, los materiales y las instalaciones.
En bgreenStudio, la modelación y verificación térmica permiten apoyar el análisis de las soluciones desde las etapas de diseño, facilitando la revisión de exigencias y la toma de decisiones técnicas.
Optimizar el desempeño térmico comienza antes de construir.